3 IDEAS QUE EL PAPA FRANCISCO HA TRANSMITIDO AL SÍNODO

ROME REPORTS TV News Agency | 6 octubre, 2015 |

En sus últimas tres grandes intervenciones antes del Sínodo, el Papa Francisco ha lanzado varias ideas que pueden ayudar a entender cómo desea que progrese.

1. APRENDER

En primer lugar, en una vigilia de oración por el Sínodo ante miles de familias, sorprendió haciendo esta recomendación: que en el Sínodo no se hable de familia sino que se aprenda de ella y de la mano de la familia modelo por excelencia: la familia de Nazaret.

Papa Francisco: “Volvamos a Nazaret para que sea un Sínodo que, más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella, en la disponibilidad a reconocer siempre su dignidad, su consistencia y su valor”.

2. SOÑAR

Durante la Misa que presidió con los participantes del Sínodo, subrayó que es posible encontrar un amor que dure para siempre y que parece que son precisamente las sociedades más avanzadas las que han perdido esa capacidad de soñar.

Papa Francisco: “Parecería que las sociedades más avanzadas son precisamente las que tienen el porcentaje más bajo de tasa de natalidad y el mayor promedio de abortos, de divorcios, de suicidios y de contaminación ambiental y social. Para Dios el matrimonio no es una utopía adolescente sino un sueño sin el cual su criatura será destinada a la soledad”.

El Papa dijo que este es también el sueño de Dios y describió así el ideal de familia:

Papa Francisco: “Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación reciproca”.

3. UNIDAD

La última idea que el Papa ha subrayado fue durante su intervención de apertura del Sínodo.

Recordó a sus participantes que eviten hacer política porque se trata de un evento eclesial, donde lo importante no es ver quién gana sino detenerse para escuchar la voz de Dios y caminar juntos.

Papa Francisco: “El Sínodo no es un parlamento donde para conseguir un consenso o un acuerdo común se recurre a las negociaciones, a los pactos o a los compromisos. El único método del Sínodo es abrirse al Espíritu Santo”.

De este modo el Papa ha querido imprimir un clima de diálogo que se imponga al ambiente alarmista que desde hace semanas espolea una minoría de participantes alarmados y algunos medios de comunicación.

 

FRAY JUNÍPERO SERRA (1713-1784) Biografia.

por Salustiano Vicedo, o.f.m.

El 24 de noviembre de 1713 nació en Petra (Mallorca), del matrimonio formado por Antonio Serra y Margarita Ferrer, un niño a quien se le impuso en el bautismo el nombre de Miguel José. Vino al mundo en el humilde hogar de una familia sencilla, de modestos labradores, honrados, devotos y de ejemplares costumbres. Tal como iba creciendo y dando los primeros pasos por las calles de su pueblo, sus padres lo iban encaminando por los senderos de la fe católica y el santo amor de Dios. Ellos eran analfabetos, pero trataron de dar a su hijo una mejor formación, llevándole a la escuela del convento franciscano de San Bernardino. Aquí en su pueblo el muchacho aprendió las primeras letras e hizo grandes progresos en su formación, por lo que pronto lo encaminaron hacia Palma para cursar estudios superiores.

A la edad de 15 años empieza a asistir a las clases de filosofía en el convento de San Francisco de Palma y, sintiéndose llamado por la vocación religiosa, al año siguiente viste el hábito franciscano en el convento de Jesús, extramuros de la ciudad. El 15 de Septiembre de 1731 emite los votos religiosos, cambiando el nombre de Miguel José por el de Junípero.

Cursa con gran brillantez los estudios eclesiásticos, e inmediatamente lo encontramos dictando clases de filosofía en el convento de San Francisco, en la Cátedra ganada por oposición, con el consenso unánime de todos sus examinadores. Su tarea docente en San Francisco duró de 1740 a 1743, año este último en que pasó a ocupar la cátedra de Teología Escotista en la entonces famosa Universidad Luliana de Palma de Mallorca. Los muchos y notables alumnos salidos de sus aulas con brillantes títulos, son testigos de la alta categoría docente del P. Serra, quien alternaba la docencia y la predicación, campo éste en el que también cosechó abundantes frutos y estima; en cierta ocasión, predicando ante el Claustro de profesores de la Universidad, fue tan grande la admiración causada por su pieza oratoria, que un catedrático y orador de mucha fama exclamó: «Digno es este sermón de que se imprima en letras de oro».

Cuando se había hecho acreedor de los mayores honores y aplausos, decidió dejarlo todo para seguir la vocación misionera. En 1749 estuvo predicando la cuaresma en Petra, su pueblo natal, y cuando ya la estaba terminando le llegó la noticia de que le habían sido concedidos todos los permisos necesarios para trasladarse al Colegio de Misioneros de San Fernando, situado en la capital de México; sólo faltaba contratar el barco, lo que significaba tener que esperar algunos pocos días. Fray Junípero había ocultado siempre a sus padres la vocación misionera que lo animaba, y, terminada aquella cuaresma, se despidió de sus ancianos progenitores sin notificarles su próxima partida hacia América. De momento no quiso disgustarlos, y con el fuerte abrazo, que le desgarraba el corazón, se marchó para no volver a verlos. El 13 de Abril de 1749 embarca hacia Málaga, rumbo a Cádiz, en cuya travesía se enfrenta seria y comprometidamente con el capitán del barco para defender los principios evangélicos; no encontrando argumentos convincentes para defender su postura, el furibundo marino inglés a punto estuvo de tirar al P. Serra a la mar. En Cádiz permanecieron los misioneros más tiempo del previsto, esperando el momento de embarcar, y desde allí escribió Fray Junípero la carta que reproducimos más adelante, dirigida al P. Francisco Serra, que no era familiar suyo aunque tuviera su mismo apellido, residente entonces en el convento franciscano de Petra. El motivo de la carta era consolar y confortar a sus padres, y, como éstos eran analfabetos, se la dirigió al fraile amigo para que éste se la leyera.

Tras una larga y peligrosa travesía de 99 días, llegó a Veracruz en las costas mexicanas. Con otro compañero hizo a pie la caminata de cien leguas, hasta el Colegio de Misioneros de San Fernando en la Capital de México. Durante el trayecto, por causa de la picadura de un insecto, se le formó una llaga en la pierna que le será molesta compañera hasta la muerte.

A los seis meses de su llegada lo vemos ya enrolado, como Presidente, en un grupo de voluntarios camino hacia el corazón de la Sierra Gorda, en donde inicia su brillante carrera misionera. Ocho años estuvo en aquellas inhóspitas tierras, donde tantos otros habían fracasado. Su historial fue muy diferente. Siempre infatigable y emprendedor, aprende la lengua nativa. Enseña a cultivar la tierra. Monta granjas y talleres. Inicia a los indios en los más elementales rudimentos de las ciencias y las artes. Les adiestra igualmente en el comercio. Les instruye particularmente en los principios doctrinales de la fe católica. Los misioneros emulan las iniciativas y logros de Serra.

Fue tal la transformación realizada en aquella zona montañosa que, de un erial infructuoso, sus valles se transformaron en fecundo vergel. Y unos indios semisalvajes y ariscos, quedaron convertidos en sociables ciudadanos, instruidos en los diferentes campos de la actividad humana de aquellos tiempos. De la extraordinaria actividad del P. Serra en este rincón serrano, todavía queda en Jalpan, como testigo elocuente, el esbelto y artístico templo churrigueresco levantado bajo su dirección.

En plena euforia de sus trabajos en Sierra Gorda, es requerido para ocupar las misiones de San Saba, en Texas, devastadas por los apaches, quienes habían flechado a sus misioneros. Acepta contento, aun siendo consciente de que se expone a sufrir el martirio. Pero Dios le tenía reservado otro campo muy distinto. En efecto, no se llevó a cabo el proyecto para el que habían recurrido a Fray Junípero, y éste, al quedar libre de otras obligaciones, se dedica a dar misiones populares por todo el Territorio de la Nueva España, poniendo de manifiesto, una vez más, sus grandes cualidades pastorales y oratorias. Fruto de su fervorosa predicación fueron sonadas conversiones y multitud de penitentes postrados a sus pies para pedir la reconciliación de sus pecados.

Por aquel tiempo se suprimieron los Jesuitas en todos los territorios españoles y, en consecuencia, quedaron abandonadas las misiones de la Baja California. El Gobierno del Virreinato encargó a los franciscanos llenar ese vacío, y de nuevo tenemos al P. Serra, también como Presidente y voluntario, al frente de una expedición de dieciséis religiosos.

El 14 de Marzo de 1769 embarca hacia Loreto, Baja California, y en cuanto toma posesión de su cargo, elabora planes, distribuye el personal y visita varias misiones.

Transcurrido un año en este ministerio, llegan noticias de que los rusos, partiendo de Alaska, pretenden ocupar la costa oeste del norte americano. Para adelantárseles, el Virrey Marqués de Croix encarga al Visitador General D. José de Gálvez que organice una expedición para la conquista de aquellas tierras.

De inmediato Gálvez inicia la operación, tratando el plan con la oficialidad; pero pronto cae en la cuenta de que hay un personaje clave e imprescindible para el feliz éxito de la empresa: el P. Junípero Serra. Gálvez sabía bien que los fusiles y los cañones eran insuficientes para una conquista estable y duradera. Era indispensable conquistar, además del territorio, el corazón de los indios, y esta tarea fundamental sólo se podía afrontar con las armas de la fe y el estandarte de la cruz. Por esto, el Visitador General llama junto a sí al Presidente de los misioneros, y ambos conjuntamente ultiman los planes a seguir. Huelga decir el papel tan importante que desempeñó Serra en el enfoque y desarrollo de los preparativos.

Formando expedición por tierra con el Comandante Portolá, inicia Serra la marcha hacia el norte. La preocupante herida de su pierna ulcerada hacía tan torpe y pesado su caminar, que otros, en su lugar, se hubieran dado por vencidos, quedando a la vera del camino, mientras con nostálgica pena habrían visto cómo los demás compañeros continuaban la marcha. Pero Fr. Junípero no se rinde.

El primero de Julio de 1769 llegan al puerto de San Diego y, mientras las tropas izan la bandera de España y levantan el campamento, el P. Serra enarbola la cruz y funda la primera misión en la Alta California. Terminada de poner la primera piedra de la cristiandad en aquellas lejanas tierras, Fray Junípero, limpiándose el rostro, deja salir un profundo respiro de satisfacción al ver levantada la señal de Cristo en medio de un pueblo completamente pagano.

Al principio, las relaciones con los naturales del país no fueron tan cordiales como hubiera sido de desear. La rapiña y la agresión hicieron acto de presencia sin dilación. Los indios robaban cuanto podían y, en un momento dado, atacaron el desprovisto campamento español. Fruto de la sangrienta lucha, cayó mortalmente herido a sus pies el sirviente indio a quien tanto apreciaba el P. Serra.

Este primer contacto con los naturales del lugar, tan adverso como desagradable, no fue capaz de tronchar la vida misionera de nuestro Beato. Muy al contrario, su espíritu salió reforzado, y aumentó su amor hacia aquellos desaforados y rapaces indígenas, a quienes apreciaba y quería convertir en vasallos de ambas majestades: el Rey de los Cielos y el Rey de España. Sin duda alguna, la tenacidad del P. Serra fue un factor importantísimo para que no fracasara en sus mismos inicios la conquista de la Alta California. Las provisiones de víveres llegaron a escasear de tal forma, que el Comandante Portolá ordena la retirada. Con este paso hacia atrás, Serra veía derrumbarse todos sus afanes de convertir almas paganas para el cielo. Pero sus ruegos lograron que se aplazara la retirada y, en el ínterin, llegó el barco con nuevos recursos.

Se reanuda la marcha siguiendo el rumbo prefijado, y tan pronto como llegan a Monterrey, Fray Junípero se instala junto al Río Carmelo, donde funda la segunda misión, misión que se convirtió en su residencia habitual, de la que partiría tantísimas veces para ensanchar las fronteras de la conquista espiritual.

Las mayores dificultades que encontró el P. Serra en el desarrollo de su tarea misionera, y las que más le hicieron sufrir, fueron las incomprensiones y la falta de ayuda por parte de los gobernadores de California. La acción de los misioneros estaba supeditada al poder civil y militar, por lo que más de una vez los frailes se vieron oprimidos o limitados por los intereses y caprichos de quienes tenían otros ideales. Continuos y con frecuencia duros fueron estos enfrentamientos.

No obstante sus achaques y las incomodidades de los viajes, Fray Junípero, sin reparar en ellos, toma el camino de la Corte del Virreinato de Méjico, para tratar allí la marcha de las misiones y solucionar las impertinentes y molestas discrepancias habidas con el Gobernador de California. El Virrey D. Antonio María Bucareli recibió con afecto singular al celoso misionero. Escuchó sus razones y quedó persuadido tanto de sus argumentos como de su celo y santidad. Serra actuaba con tal entusiasmo y firmeza, que no sólo convenció y salió airoso de sus gestiones, sino que además pudo volver a sus misiones cargado con abundantes alimentos, telas y utensilios de toda clase.

Con tales refuerzos y amparado en las nuevas normas dictadas para el gobierno de la Provincia de California, elaboradas por él y aprobadas por el Virrey, Junípero inyecta mayores entusiasmos a sus misioneros, y de nuevo se abren más amplios horizontes al celo evangelizador de aquellos hombres.

Ya habían sido fundadas las misiones de San Diego, San Carlos en Carmelo, San Antonio, San Gabriel y San Luis Obispo; ahora se establecerán las de San Francisco, San Juan de Capistrano, Santa Clara y San Buenaventura. Además, se inicia la fundación de Santa Bárbara, que el P. Serra no llegará a ver coronada porque le visitará antes la hermana muerte.

Su celo por las almas y su dinamismo por levantar más obras, lo espoleaban continuamente para trasladarse de cerro en cerro, entre valles y montañas, y así poder congregar al indio disperso y desprovisto de todo, dándole cobijo y sustento junto a la acogedora misión. Miles y miles de kilómetros pisó en su fecunda vida. Cojeando y valiéndose de un bastón, cruza repetidas veces los floridos campos californianos para visitar las misiones y estar con sus hermanos los misioneros. A todos escucha y atiende. Se hace cargo de cada situación concreta. Busca y presenta acertadas soluciones. Da nuevas orientaciones y consejos acertados. Predica, bautiza, confirma, confiesa y aún le queda tiempo, para él el más precioso, en el que se ocupa de los problemas y necesidades de sus queridos indios.

Aquel hombre de temperamento fuerte y de carácter firme, pero afable, de dotes singulares y de ambiciosas iniciativas, nunca cedió ni jamás retrocedió. Pero al fin cayó rendido en el encuentro con la hermana muerte. Su fallecimiento ocurrió el 28 de Agosto de 1784, en la Misión de San Carlos Borromeo, junto al río Carmelo, cerca de Monterrey.

Entonces pasó a gozar de un merecido premio y descanso en el seno del Padre, junto a los indios que él redimió y que le precedieron: sin duda salieron a recibirle en solemne cortejo a las puertas de la eternidad gloriosa, en compañía de la Virgen, los Angeles y los Santos, cuya devoción tantas veces les inculcó.

Los que quedaron a su lado, lloraban desconsolados la pérdida de un verdadero padre. Experimentaban la triste desaparición de su gran bienhechor. Como expresión del más sincero agradecimiento, amortajaron al«Padre viejo», como así le llamaban cariñosamente, con sus abundantes lágrimas de pesar y las flores de aquellos campos, tantas veces hollados por esos pies ahora fríos, desnudos y trabados sin poder dar un paso más.

Además de la inmensa actividad misionera y civilizadora desarrollada durante toda su vida por el P. Serra, a su iniciativa se deben las nueve primeras misiones de las veintiuna fundadas por los franciscanos españoles en la Alta California; aquellas nueve se establecieron mientras Fray Junípero desempeñaba el cargo de Presidente de todos los religiosos residentes en aquellas lejanas tierras. Con razón, su discípulo, amigo y biógrafo, el P. Francisco Palou, dejó grabadas estas proféticas palabras: «No se apagará su memoria, porque las obras que hizo cuando vivía han de quedar estampadas entre los habitantes de la Nueva California».

Desde entonces, su vida, obra y virtudes han merecido la más encomiástica exaltación y gloria, por toda clase de personas, tanto en el orden humano como espiritual. La piedra y el bronce, incluso el cemento, perpetúan su memoria en esbeltos monumentos levantados por donde pasó. La pintura y la escultura han plasmado con variedad de formas y belleza su figura. Las letras no se han quedado en zaga a la hora de transmitirnos sus hazañas y cantar sus glorias.

El 25 de septiembre de 1988, Juan Pablo II, que había visitado la tumba de Fray Junípero en la Misión de San Carlos, lo beatificó solemnemente en Roma.

Fuente: Franciscanos.org

 

PAPA JUAN PABLO II – CONSIDERACIONES ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE PERSONAS HOMOSEXUALES

CONSIDERACIONES DEL PAPA JUAN PABLO II  ACERCA DE LOS PROYECTOS DE RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES ENTRE PERSONAS HOMOSEXUALES – Publicadas el 3 de junio de 2003

Todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, especialmente los políticos

Submitted by poncho on Fri, 2012-05-11

INTRODUCCIÓN

  1. Recientemente, el Santo Padre Juan Pablo II y los Dicasterios competentes de la Santa Sede (1) han tratado en distintas ocasiones cuestiones concernientes a la homosexualidad. Se trata, en efecto, de un fenómeno moral y social inquietante, incluso en aquellos Países donde no es relevante desde el punto de vista del ordenamiento jurídico. Pero se hace más preocupante en los Países en los que ya se ha concedido o se tiene la intención de conceder reconocimiento legal a las uniones homosexuales, que, en algunos casos, incluye también la habilitación para la adopción de hijos. Las presentes Consideracionesno contienen nuevos elementos doctrinales, sino que pretenden recordar los puntos esenciales inherentes al problema y presentar algunas argumentaciones de carácter racional, útiles para la elaboración de pronunciamientos más específicos por parte de los Obispos, según las situaciones particulares en las diferentes regiones del mundo, para proteger y promover la dignidad del matrimonio, fundamento de la familia, y la solidez de la sociedad, de la cual esta institución es parte constitutiva. Las presentes Consideracionestienen también como fin iluminar la actividad de los políticos católicos, a quienes se indican las líneas de conducta coherentes con la conciencia cristiana para cuando se encuentren ante proyectos de ley concernientes a este problema.(2) Puesto que es una materia que atañe a la ley moral natural, las siguientes Consideraciones se proponen no solamente a los creyentes sino también a todas las personas comprometidas en la promoción y la defensa del bien común de la sociedad.

 

I. NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS IRRENUNCIABLES DEL MATRIMONIO

  1. La enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la complementariedad de los sexos repropone una verdad puesta en evidencia por la recta razón y reconocida como tal por todas las grandes culturas del mundo. El matrimonio no es una unión cualquiera entre personas humanas.Ha sido fundado por el Creador, que lo ha dotado de una naturaleza propia, propiedades esenciales y finalidades.(3)Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas. Así se perfeccionan mutuamente para colaborar con Dios en la generación y educación de nuevas vidas.
  2. La verdad natural sobre el matrimonio ha sido confirmada por la Revelación contenida en las narraciones bíblicas de la creación, expresión también de la sabiduría humana originaria, en la que se deja escuchar la voz de la naturaleza misma. Según el libro del Génesis, tres son los datos fundamentales del designo del Creador sobre el matrimonio.

En primer lugar, el hombre, imagen de Dios, ha sido creado « varón y hembra » (Gn 1, 27). El hombre y la mujer son iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto varón y hembra. Por un lado, la sexualidad forma parte de la esfera biológica y, por el otro, ha sido elevada en la criatura humana a un nuevo nivel, personal, donde se unen cuerpo y espíritu.

El matrimonio, además, ha sido instituido por el Creador como una forma de vida en la que se realiza aquella comunión de personas que implica el ejercicio de la facultad sexual« Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne » (Gn 2, 24).

En fin, Dios ha querido donar a la unión del hombre y la mujer una participación especial en su obra creadora. Por eso ha bendecido al hombre y la mujer con las palabras: « Sed fecundos y multiplicaos » (Gn 1, 28). En el designio del Creador complementariedad de los sexos y fecundidad pertenecen, por lo tanto, a la naturaleza misma de la institución del matrimonio.

Además, la unión matrimonial entre el hombre y la mujer ha sido elevada por Cristo a la dignidad de sacramento. La Iglesia enseña que el matrimonio cristiano es signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 32). Este significado cristiano del matrimonio, lejos de disminuir el valor profundamente humano de la unión matrimonial entre el hombre la mujer, lo confirma y refuerza (cf. Mt 19, 3-12; Mc 10, 6-9).

  1. No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural.Los actos homosexuales, en efecto, « cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso ».(4)

En la Sagrada Escritura las relaciones homosexuales « están condenadas como graves depravaciones… (cf. Rm 1, 24-27; 1 Cor 6, 10; 1 Tim 1, 10). Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen esta anomalía sean personalmente responsables de ella; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados ».(5) El mismo juicio moral se encuentra en muchos escritores eclesiásticos de los primeros siglos,(6) y ha sido unánimemente aceptado por la Tradición católica.

Sin embargo, según la enseñanza de la Iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales « deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta ».(7) Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad.(8) Pero la inclinación homosexual es « objetivamente desordenada »,(9) y las prácticas homosexuales « son pecados gravemente contrarios a la castidad ».(10)

 

II. ACTITUDES ANTE EL PROBLEMA DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES

  1. Con respecto al fenómeno actual de las uniones homosexuales, las autoridades civiles asumen actitudes diferentes: A veces se limitan a la tolerancia del fenómeno; en otras ocasiones promueven el reconocimiento legal de tales uniones, con el pretexto de evitar, en relación a algunos derechos, la discriminación de quien convive con una persona del mismo sexo; en algunos casos favorecen incluso la equivalencia legal de las uniones homosexuales al matrimonio propiamente dicho, sin excluir el reconocimiento de la capacidad jurídica a la adopción de hijos.

Allí donde el Estado asume una actitud de tolerancia de hecho, sin implicar la existencia de una ley que explícitamente conceda un reconocimiento legal a tales formas de vida, es necesario discernir correctamente los diversos aspectos del problema. La conciencia moral exige ser testigo, en toda ocasión, de la verdad moral integral, a la cual se oponen tanto la aprobación de las relaciones homosexuales como la injusta discriminación de las personas homosexuales. Por eso, es útil hacer intervenciones discretas y prudentes, cuyo contenido podría ser, por ejemplo, el siguiente: Desenmascarar el uso instrumental o ideológico que se puede hacer de esa tolerancia; afirmar claramente el carácter inmoral de este tipo de uniones; recordar al Estado la necesidad de contener el fenómeno dentro de límites que no pongan en peligro el tejido de la moralidad pública y, sobre todo, que no expongan a las nuevas generaciones a una concepción errónea de la sexualidad y del matrimonio, que las dejaría indefensas y contribuiría, además, a la difusión del fenómeno mismo. A quienes, a partir de esta tolerancia, quieren proceder a la legitimación de derechos específicos para las personas homosexuales conviventes, es necesario recordar que la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización.

Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la equiparación legal de éstas al matrimonio con acceso a los derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas, y asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperación material en el plano aplicativo. En esta materia cada cual puede reivindicar el derecho a la objeción de conciencia.

 

III. ARGUMENTACIONES RACIONALES CONTRA EL RECONOCIMIENTO LEGAL DE LAS UNIONES HOMOSEXUALES

  1. La comprensión de los motivos que inspiran la necesidad de oponerse a las instancias que buscan la legalización de las uniones homosexuales requiere algunas consideraciones éticas específicas, que son de diferentes órdenes.

De orden racional

La función de la ley civil es ciertamente más limitada que la de la ley moral,(11) pero aquélla no puede entrar en contradicción con la recta razón sin perder la fuerza de obligar en conciencia.(12) Toda ley propuesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto es conforme con la ley moral natural, reconocida por la recta razón, y respeta los derechos inalienables de cada persona.(13) Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial para el bien común como es el matrimonio.

Se podría preguntar cómo puede contrariar al bien común una ley que no impone ningún comportamiento en particular, sino que se limita a hacer legal una realidad de hecho que no implica, aparentemente, una injusticia hacia nadie. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo como comportamiento público, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jurídico. El segundo fenómeno no sólo es más grave sino también de alcance más vasto y profundo, pues podría comportar modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social. Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas « desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres ».(14) Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos. La legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial.

De orden biológico y antropológico

  1. En las uniones homosexuales están completamente ausentes los elementos biológicos y antropológicos del matrimonio y de la familia que podrían fundar razonablemente el reconocimiento legal de tales unionesÉstas no están en condiciones de asegurar adecuadamente la procreación y la supervivencia de la especie humana.El recurrir eventualmente a los medios puestos a disposición por los recientes descubrimientos en el campo de la fecundación artificial, además de implicar graves faltas de respeto a la dignidad humana,(15) no cambiaría en absoluto su carácter inadecuado.

En las uniones homosexuales está además completamente ausente la dimensión conyugal, que representa la forma humana y ordenada de las relaciones sexuales. Éstas, en efecto, son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.

Como demuestra la experiencia, la ausencia de la bipolaridad sexual crea obstáculos al desarrollo normal de los niños eventualmente integrados en estas uniones. A éstos les falta la experiencia de la maternidad o de la paternidad. La integración de niños en las uniones homosexuales a través de la adopción significa someterlos de hecho a violencias de distintos órdenes, aprovechándose de la débil condición de los pequeños, para introducirlos en ambientes que no favorecen su pleno desarrollo humano. Ciertamente tal práctica sería gravemente inmoral y se pondría en abierta contradicción con el principio, reconocido también por la Convención Internacional de la ONU sobre los Derechos del Niño, según el cual el interés superior que en todo caso hay que proteger es el del infante, la parte más débil e indefensa.

De orden social

  1. La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio.La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio, que se convierte en una institución que, en su esencia legalmente reconocida, pierde la referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad, tales como la tarea procreativa y educativa. Si desde el punto de vista legal, el casamiento entre dos personas de sexo diferente fuese sólo considerado como uno de los matrimonios posibles, el concepto de matrimonio sufriría un cambio radical, con grave detrimento del bien común. Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.

Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personasDistinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia.(16) No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta.

Tampoco el principio de la justa autonomía personal puede ser razonablemente invocado. Una cosa es que cada ciudadano pueda desarrollar libremente actividades de su interés y que tales actividades entren genéricamente en los derechos civiles comunes de libertad, y otra muy diferente es que actividades que no representan una contribución significativa o positiva para el desarrollo de la persona y de la sociedad puedan recibir del estado un reconocimiento legal específico y cualificadoLas uniones homosexuales no cumplen ni siquiera en sentido analógico remoto las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento específico y cualificado. Por el contrario, hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social.

De orden jurídico

  1. Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son por lo tanto de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucionalLas uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común.

Es falso el argumento según el cual la legalización de las uniones homosexuales sería necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto personas y ciudadanos. En realidad, como todos los ciudadanos, también ellos, gracias a su autonomía privada, pueden siempre recurrir al derecho común para obtener la tutela de situaciones jurídicas de interés recíprocoPor el contrario, constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social.(17)

 

IV. COMPORTAMIENTO DE LOS POLÍTICOS CATÓLICOS ANTE LEGISLACIONES FAVORABLES A LAS UNIONES HOMOSEXUALES

  1. Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes indicaciones éticas.

En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.

En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia de una ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando pública constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el deber de dar testimonio de la verdad. Si no fuese posible abrogar completamente una ley de este tipo, el parlamentario católico, recordando las indicaciones dadas en la Encíclica Evangelium Vitæ« puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública », con la condición de que sea « clara y notoria a todos » su « personal absoluta oposición » a leyes semejantes y se haya evitado el peligro de escándalo.(18) Eso no significa que en esta materia una ley más restrictiva pueda ser considerada como una ley justa o siquiera aceptable; se trata de una tentativa legítima, impulsada por el deber moral, de abrogar al menos parcialmente una ley injusta cuando la abrogación total no es por el momento posible.

 

CONCLUSIÓN

  1. La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexualesEl bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad.Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 28 de marzo de 2003, ha aprobado las presentes Consideraciones, decididas en la Sesión Ordinaria de la misma, y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de junio de 2003, memoria de San Carlos Lwanga y Compañeros, mártires.

Joseph Card. Ratzinger
Prefecto

Angelo Amato, S.D.B.
Arzobispo titular de Sila
Secretario

(1) Cf. Juan Pablo II, Alocución con ocasión del rezo del Angelus, 20 de febrero de 1994 y 19 de junio de 1994; Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, 24 de marzo de 1999; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359, 2396; Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8; Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986; Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales, 24 de julio de 1992; Pontificio Consejo para la Familia,Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa sobre la resolución del Parlamento Europeo en relación a las parejas de homosexuales, 25 de marzo de 1994; Familia, matrimonio y « uniones de hecho », 26 de julio de 2000, n. 23.

(2) Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002, n. 4.

(3) Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 48.

(4) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357.

(5) Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, 29 de diciembre de 1975, n. 8.

(6) Cf. por ejemplo S. Policarpo, Carta a los Filipenses, V, 3; S. Justino, Primera Apología, 27, 1-4; Atenágoras, Súplica por los cristianos, 34.

(7) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.

(8) Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2359; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12.

(9) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358.

(10) Cf. Ibid., n. 2396.

(11) Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 71.

(12) Cf. ibid., n. 72.

(13) Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiæ, I-II, p. 95, a. 2.

(14) Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 90.

(15) Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum vitæ, 22 de febrero de 1987, II. A. 1-3.

(16) Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiæ, II-II, p. 63, a.1, c.

(17) No hay que olvidar que subsiste siempre « el peligro de que una legislación que haga de la homosexualidad una base para poseer derechos pueda estimular de hecho a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad, o incluso a buscar un partner con el objeto de aprovecharse de las disposiciones de la ley » (Congregación para la Doctrina de la Fe, Algunas consideraciones concernientes a la Respuesta a propuestas de ley sobre la no discriminación de las personas homosexuales, 24 de julio de 1992, n. 14).

(18) Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 73

 

Canonizan a los padres de Santa Teresa del Niño Jesús

papas sta teresita

BUENA NOTICIA PARA LAS FAMILIAS DE HOY

CANONIZACIÓN LOUIS MARTIN Y ZÉLIE GUÉRIN

Los padres de Santa Teresa del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin, serán declarados Santos el próximo 18 de octubre de 2015 durante el desarrollo de XIV SINODO ORDINARIO DE LOS OBISPOS.

Louis y Zélie son un don para los esposos de todas las edades por la estima, el respeto y la armonía con que se amaron durante diecinueve años. Celia escribió a Luis: “Yo no puedo vivir sin ti, querido Luis”. Él le respondió: “Yo soy tu marido y amigo que te ama por toda la vida”. Vivieron las promesas del matrimonio: la fidelidad del compromiso, la indisolubilidad del vínculo, la fecundidad del amor, tanto en las alegrías y en las penas como en la salud y en la enfermedad.

Louis y Zélie  son un don para los padres. Ministros del amor y de la vida, engendraron numerosos hijos para el Señor (nueve en total). Entre estos hijos, admiramos particularmente a Teresa, obra maestra de la gracia de Dios, pero también obra maestra de su amor a la vida y a los hijos.

Louis y Zélie  son un don para todos los que han perdido un cónyuge. La viudez es siempre una situación difícil de aceptar. Luis vivió la pérdida de su esposa con fe y generosidad, prefiriendo el bien de sus hijos a sus atracciones personales.

Louis y Zélie son un don para los que afrontan la enfermedad y la muerte. Celia murió de cáncer; Luis terminó su existencia afectado por una arteriosclerosis cerebral. En nuestro mundo, que trata de ocultar la muerte, nos enseñan a mirarla a la cara, abandonándonos a Dios.

(Fuente:  www.vatican.va)

MILAGRO QUE POSIBILITA SU CANONIZACION

El milagro que posibilita la canonización es el obrado en una niña española que nació de forma prematura y con gravísimas complicaciones, entre ellas, una hemorragia ventricular grado IV.  Fue entonces cuando, ante la imposibilidad médica de sanarla, los padres se encomendaron al matrimonio Louis Martin y Zélie Guérin, que habían sido beatificados recientemente. A partir de ese momento, la niña experimentó un “restablecimiento asombroso y sin explicación médica alguna” y hoy se encuentra “perfectamente y sin la más mínima secuela”.

COMISION DIOCESANA PARA LA FAMILIA JUVENTUD LAICOS Y VIDA

Diócesis de Querétaro

5 Lecciones que nos da San José en Defensa de la Familia ante los ataques del Lobby Gay

vitral de san jose y jesusHemos llegado a un extremo en que ya no se puede señalar la diferencia anatómica de hombres y mujeres.

Occidente marcha hacia la eliminación de la familia y con ello del rol de padre como elemento central para la crianza de los hijos, por lo menos los varones. Y estamos viendo cómo el lobby gay ni siquiera tolera que se muestre que las niñas hacen pis de una manera y los niños de otra, y están logrando censurar una campaña publicitaria de pañales Huggies en Italia porque muestra las diferencias.

 

Ante este intento de borrar las diferencias entre los sexos y los roles dentro de la familia, debemos aferrarnos al ejemplo de San José, a su forma en que defendió y protegió a la Sagrada Familia. Y acá van 5 lecciones que da San José a los padres de hoy.

5 LECCIONES QUE NOS DA SAN JOSÉ

Los hombres pueden aprender a imitar a Dios Padre en una forma práctica mediante el estudio y la imitación de San José.

El Siervo de Dios Padre John Hardon enseñó que San José es por diseño de Dios el padre modelo, el icono de Dios Padre en la Sagrada Familia.

Estos son las 5 lecciones de San José.

 

1 – DAR EL EJEMPLO CON LA ACCIÓN 

Ser un ejemplo a través de la acción es la forma primordial en que los padres deberían imitar al papá terrenal de Jesús, que era un ejemplo de moral tranquila como jefe de la Sagrada Familia.

Como padre, los niños estarán observando su ejemplo de piedad y de búsqueda de la santidad mucho más que sus palabras.

Se puede decir todas las cosas correctas, pero a menos que un hombre esté realmente viviendo una vida devota en si mismo, amando a Dios con todo su corazón, mente y alma, sonará hueco. No le van a tomar en serio. Así que hay que dar ejemplo a través de las acciones.

 

2 – AMAR A LA ESPOSA

Para Mons. Charles Pope de Washington,

“El primer regalo que todo padre puede dar a sus hijos es amar a su madre y a hacer cualquier sacrificio necesario para permanecer fiel a ella, aferrarse a ella y asegurarse de que el matrimonio es fuerte”.

“San José probablemente presionó para no seguir adelante su matrimonio con María, pero una vez que escuchó de parte de Dios que debía aferrarse a María, lo hizo con un gran costo social y aceptó cualquier dificultad que le costara”.

Esto es exactamente lo que San Juan Pablo II afirmó en la Familiaris Consortio

“Un hombre debe vivir El amor por su esposa como madre de sus hijos y el amor por los niños porque son para el hombre el camino natural de la comprensión y la realización de su paternidad”.

El Padre Paul McDonnell toma en cuenta la referencia a San José que se hace en el Misal Romano como “esposo de María”.

“Eso es muy importante para los hombres, porque la ruptura de la familia comienza con la ruptura del matrimonio” observó.

“San José nos recuerda que debemos descubrir la presencia de Dios en el matrimonio y en la familia”.

 

3 – MANTENER LAS PRIORIDADES EN ORDEN

“San José puso su vocación de esposo y padre antes que su carrera”, destacó Mons. Pope. Se le pidió huir a un país diferente, Egipto, con el fin de proteger a Jesús, dejándolo todo y no pensar: ¿Qué pasa con mi trabajo? ¿Y mi carrera?

Hay, por desgracia, muchos que todavía tienen que tener esa lucha: que la vocación es más importante que la carrera”, señaló Mons. Pope.

El Padre McDonnell señaló que los hombres tienen que mirar lo que Dios pide de ellos como esposo y padre y poner esto en un contexto espiritual: “Esa es la llamada de San José hoy para los padres.”

La Biblia llama a San José por la palabra  griega tekton (constructor), aclaró Mons. Pope. Se imagina, como lo hace Tradición de la Iglesia, que José dio la habilidad de comercio e industria a Jesús.

“Un buen padre reconocería las habilidades de sus hijos, mejoraría sus habilidades y les enseñaría el valor del buen trabajo duro”, explicó Mons. Pope.

Un padre debe también jugar con los niños pequeños teniendo interés en sus pasatiempos.

“Prestar atención a ellos y preocuparse por lo que les importa es un tremendo regalo. Puede ser un acto de amor a Dios mismo, porque vaa sacrificar mi tiempo”

 

4 – HACER LA VOLUNTAD DE DIOS

La importancia de vivir como Dios quiere es una necesidad para un padre también.

San José obedeció tan pronto como él supo cual era la voluntad del Señor sin dudarlo.

A medida que los hombres luchan por la santidad, deben tener la misma actitud de obediencia al Señor Dios.

“Nada era más importante para San José que encontrar, seguir y cumplir la voluntad de Dios en su vida”, dice Rick Sarkisian, autor de Not Your Average Joe

“La búsqueda de la voluntad de Dios y el propósito va para todos nosotros”.

“San José fue un bello ejemplo de alguien que vivió en el ahora, en constante búsqueda de la voluntad de Dios y el propósito de su vida día a día”.

José utilizaba un sistema de tres pasos de “guía divina” según Sarkisian: la Palabra de Dios, las inspiraciones del Espíritu Santo y los hechos y circunstancias de la vida diaria.

Vivir en el ahora, como lo hizo San José, nos mantiene en el único lugar y hora que podemos experimentar a Dios: el momento presente.

Explicar la importancia de hacer la voluntad de Dios debe ser una lección que padres enseñen a sus hijos.

Podemos explicarles la importancia de la obediencia. Los santos eran obedientes a la voluntad de Dios en todas las circunstancias. Si podemos enseñar a nuestros hijos la importancia de la obediencia de una manera amorosa y por qué importa, tendrán un buen camino en su relación con su Padre celestial.

 

5 – SER HUMILDE

La humildad de San José es también una lección para los papás.

“Lo que me llama la atención es la humildad de San José”, dijo el padreMcDonnell.

“Se disponía a cumplir con la Sagrada Familia con mucha humildad, sin buscar ningún tipo de compensación, y confiaba totalmente en la divina Providencia.”

Sarkisian añadió:

“Se trata de confianza. San José ponía plena confianza en la providencia de Dios, que Dios le daría todo lo que necesitaba suficientemente para cada día. En ese tipo de confianza, podemos experimentar una gran paz interior, la alegría y la verdadera felicidad, incluso durante las crisis inesperadas en nuestras vidas”.

“San José hizo lo que Dios quería y era el hombre que Dios quería que fuera.  En última instancia, se convirtió en un increíble modelo de la auténtica y la verdadera hombría para la vida”.

Fuentes:

El matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer.

Xalapa, Ver. 18 de Junio de 2015

El matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer.

El 12 de junio de 2015, los diferentes medios informativos fueron testigos y dieron a conocer la primera unión civil entre dos personas del mismo sexo, llevada a cabo en el registro civil de la capital. La Arquidiócesis de Xalapa, siendo consecuente con su naturaleza, misión y doctrina dio a conocer, a través de algunas entrevistas, su postura al respecto: el matrimonio solo puede darse entre un hombre y una mujer, como lo señala el art. 75 del Código Civil de Veracruz que a la letra dice:“el matrimonio es la unión de un solo hombre y de una sola mujer que conviven para realizar los fines esenciales de la familia como institución social y civil”. Los abajo firmantes compartimos estos mismos principios y por ello hacemos nuestra esta declaración.

El término matrimonio viene del Latín “matrimonium” que quiere decir: oficio o condición de la mujer (Madre), este oficio o condición femenina se fundamenta en la posesión de la matriz. La matriz es un órgano reproductor con el que la mujer procrea. Por lo tanto, la unión de dos varones que no pueden procrear, nunca puede ser matrimonio por rotunda imposibilidad física y biológica, ya que ninguno de los dos contrayentes posee matriz. En el caso de ser dos mujeres, que no logran realizar su condición de posibles madres, al no poder fertilizar sus matrices entre sí, tampoco se puede emplear ese término. La posesión de la matriz, es pues el condicionante fundamental que se da para que pueda constituirse un verdadero matrimonio, desde el punto de vista físico, biológico y etimológico. (Cfr. La reflexión de Fernando Cavanillas en Catholic Net, ¿Puede usarse la palabra matrimonio para las uniones homosexuales?)

La historia y tradición de la humanidad, nos ha enseñado que el matrimonio tiene una naturaleza propia, finalidades específicas y propiedades esenciales, que una sociedad de convivencia entre personas del mismo sexo, aunque venga reconocida civilmente, nunca podrá alcanzar. Una sociedad de convivencia nunca podrá equipararse a la dignidad y grandeza que tiene el matrimonio, esto adultera el concepto de familia y lejos de enriquecerlo o aportarle algún beneficio solo lo empobrece y deteriora. No se puede denominar matrimonio a una relación socio-asistencial, sexual o meramente afectiva. Llamar “matrimonio” a las uniones civiles entre personas del mismo sexo es algo contradictorio, una realidad contra natural, y algo que ofende a la humanidad.

Las personas homosexuales o lesbianas tienen todo el derecho a proteger civilmente su patrimonio, su bienestar y su estilo de vida, para ello el Estado contempla diferentes formas jurídicas o se podrían introducir otros términos para denominar estas uniones tales como el de “gaymonio” o “lesbimonio” pero nunca el de matrimonio.

La desaprobación y rechazo de llamar “matrimonio” a esta unión civil, no significa de ninguna manera discriminar a las personas homosexuales. Ellos merecen todo nuestro respeto porque son personas;  respetamos las decisiones que tomen sobre sus vidas, les reiteramos nuestro aprecio. La Iglesia abre sus puertas a todas las personas, con sus debilidades y defectos, con sus grandezas y miserias y trata de ayudarlos; a los que tienen virtudes más fuertes para profundizarlas, y a los que tienen debilidades para tratar de superarlas con la ayuda de la gracia.

La decisión de un juez que ordena a un registro civil aplicar el formato de “matrimonio” para este tipo de uniones,  suena más a un caciquismo legislativo, un cambio de paradigma que responde más bien a una ideología que a los derechos humanos; ese veredicto lesiona el concepto de familia y crea malestar en la sociedad mexicana. El reconocimiento de esta unión civil como “matrimonio” va contra el bienestar público y contra el equilibrio y desarrollo de los niños.

Que un homosexual se queje de discriminación porque no se le permite casarse con otra persona del mismo sexo es como si un papá se quejara de discriminación porque no se le permite casarse con su hija; o un adulto con una niña. No existe discriminación, la ley vale para todos y la sociedad tiene un modelo de matrimonio que ha demostrado su eficacia por muchos siglos. Ninguna civilización ha impuesto el “matrimonio” homosexual. Una cosa son las prácticas sexuales de los ciudadanos y otra muy distinta la familia y la generación y educación de los hijos. Cambiar el paradigma del matrimonio dado sólo entre un hombre y una mujer resulta irresponsable y peligroso para la sociedad. Quienes defienden esto o lo desean imponer, lo hacen por razones ideológicas de rechazo a la familia y no por razones científicas y ni siquiera de demanda social.

Hoy más que nunca necesitamos fortalecer el matrimonio y la familia que han sido siempre la principal escuela de los valores, el espacio donde uno aprende lo fundamental de la vida; El matrimonio y la familia es el espacio donde se transmiten los valores humanos Una sociedad de convivencia nunca podrá equipararse a la dignidad y grandeza que tiene el matrimonio, esto adultera el concepto de familia y lejos de enriquecerlo o aportarle algún beneficio solo lo empobrece y deteriora.

Hacemos votos para que en el Estado de Veracruz se proteja la familia, el matrimonio y la vida humana desde su concepción hasta su desenlace natural, de otra manera triunfará el caciquismo legislativo, la imposición y el deterioro de la sociedad y de los valores.

Coordinadores Diocesanos de las dimensiones de
Familia, Jóvenes, Laicos y Vida de las diócesis de
Coatzacoalcos, San Andrés Tuxtla, Tuxpan, Papantla, Veracruz, Córdoba, Orizaba y Arquidiócesis de Xalapa

Homilía en la Sta. Misa en Catedral con el Sr. Obispo, Festejando el Día del papá y a Santo Tomas Moro, con los Movimientos de Schoenstatt, Vifac Y Centro Sto. Tomas Moro

Obispo  1

Santa Iglesia Catedral, Santiago de Querétaro, Qro., 21 de junio de 2015

Año de la Pastoral de la Comunicación – Año de la Vida Consagrada

 

Estimados hermanos sacerdotes,

muy queridos padres de familia,

miembros de los diferentes movimientos eclesiales: Schoenstatt, VIFAC, Centro Santo Tomás Moro,

autoridades civiles y políticas,

hermanos y hermanas todos en el Señor:

1. Con el corazón lleno de alegría nos reunimos esta mañana de domingo para celebrar nuestra fe en Cristo Jesús, unidos a toda la comunidad de creyentes, con la esperanza de poder celebrar algún día la pascua definitiva. Conscientes que en la celebración de cada domingo es donde cada uno de los cristianos renovamos nuestra adhesión a Cristo, nos alimentamos con el alimento espiritual, damos gracias a Dios por todos sus beneficios y nos fortalecemos para continuar en el camino de la vida ordinaria dando testimonio de amor y de fe. Hoy, unidos a esta celebración dominical, y motivados por las buenas costumbres de nuestra  cultura, queremos agradecer a Dios el ‘don precioso de la paternidad’ celebrado el “Día del Papá”,  como  expresión genuina de su amor. Mediante la cual, se ve reflejada la esencia de Dios en medio de nosotros, que mira con solicitud por sus creaturas. Además, en este día nos unimos desde hoy a la fiesta de santo Tomás Moro, patrono de los políticos, con la confianza que su intercesión será en favor de actores políticos cada vez más comprometidos por el bien común. Especialmente en al salvaguarda de los valores humanos  como el de la familia entre un hombre y una mujer.

2. La humanidad, no puede ni podrá jamás, prescindir de la misión que la paternidad realiza en pro de la vida y de la familia. Pues como nos enseña la Exhortación Apostólica familiaris consortio “Revelando y reviviendo en la tierra la misma paternidad de Dios, el hombre está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la familia. Realizará esta tarea mediante una generosa responsabilidad por la vida concebida junto al corazón de la madre, un compromiso educativo más solícito y compartido con la propia esposa, un trabajo que no disgregue nunca la familia, sino que la promueva en su cohesión y estabilidad, un testimonio de vida cristiana adulta, que introduzca más eficazmente a los hijos en la experiencia viva de Cristo y de la Iglesia” (cf. Exhort. Apost., Familiaris consortio, 25).

3. Es en este contexto que escuchamos al palabra de Dios en este día, invitándonos a confiar en que él, en su palabra.  Después del discurso de las parábolas, San Marcos nos ofrece cuatro milagros que ponen término al reino de Satanás y son acciones en pro de la vida. El poder salvífico de Jesús se extiende a los elementos naturales que se han vuelto caóticos y enemigos del ser humano como es el caso de la tempestad. Marcos ha transformado esta narración típica de un milagro, en una instrucción catequética acerca de la fe que los discípulos necesitan para seguir a Jesús, la cual tiene que ser muy sólida y serena para los momentos de tempestad y prueba en la vida. Por ello en esta enseñanza, el evangelista quiere indicar que la falta de fe empieza a manifestarse allí donde el cristiano no está dispuesto, por cobardía y miedo, a cargar y compartir con Jesús y los demás los peligros del seguimiento cristiano. Aquellos discípulos que le acompañan son los más cercanos y son discípulos que han recorrido con el los caminos, sin embargo no “han calado” quien es Jesús. Hoy como ayer quizás nos falte creer en la realidad de Jesús.

4. La tempestad calmada es una hermosa narración en medio del mar donde no hay asideros para salvarse y la vida peligra; allí los discípulos acuden a Jesús. El mar es sentido como lugar donde la vida peligra. Esta tempestad evoca las tempestades de la vida que nos ponen en apuros, ya que a pesar de que no nos jugamos la vida en el mar (aunque si algunos), si lo hacemos en el trabajo, en la enfermedad, en las jugadas sucias, en la fidelidad prometida, en los imprevistos que nos sobresaltan, en la muerte de un ser querido, en un hogar en crisis, etc. Tenemos tempestades que hacen zozobrar nuestra barca y nuestra vida. Gracias a esas tempestades algunos despertamos y nos preguntamos de nuevo por Dios.

5. Queridos hermanos y hermanas, la realidad que vive nuestro mundo es una realidad semejante a la tempestad que nos relata el evangelio el día de hoy, sin embargo, en esta realidad  Jesús se presenta como el adversario principal de todo aquello que nos atemoriza y nos hace perder la calma. Me alegra que en esta santa Misa estén presentes algunos miembros de movimiento y asociaciones que buscan precisamente colaborar con el Señor, difundiendo el mensaje del evangelio. Mensaje que provoca la calma y que propicia la confianza en Dios.  es muy claro que Jesús en el evangelio a los discípulos les echa  en cara su cobardía, pues los quiere perfectos en la fe. Quiere que se convenzan de que la barca donde él está, aun cuando duerma y esté sacudida por violentas tempestades, no puede naufragar.

6. El día de mañana celebraremos a santo Tomás Moro, aprendamos de él que fe y bien común no se contraponen, por el contrario se explican y complementan. Que su ejemplo y valentía nos ayude a defender los valores que nos identifican y que son esenciales a nuestra vida como lo es el valor de la familia, la paternidad, los hijos.

7. Tengamos fe que nuestro compañero de viaje es el Señor, recordando que la oración no es una fuerza mágica que al instante remedia todos los males, pero si es la manera de compartir con Dios los miedos y las angustias y con la cual sostenemos nuestra nave mientras amina la tormenta. Es cierto que muchas veces le hablamos al Señor y el continua en silencio, sin embargo interiormente la fuerza se experimenta porque desde la fe y a la luz de la Palabra de Dios sabemos que Él es capaz de tendernos la mano ante el grito: “sálvame que me hundo”. Job soportó la borrasca y desde su tragedia gritó al Señor, exigiendo una explicación para su infortunio. En medio de toda su impotencia Job logra descubrir a Dios llegando a exclamar: “Yo te conocía solo de oídas, ahora te han visto mis ojos”. También los discípulos, desde aquella experiencia del lago en la tormenta conocieron más a Jesús. ¿Será que necesitamos una tormenta en nuestra vida para descubrirlo? Si ya la has vivido, o en este momento la experimentas, es una oportunidad para orar y conocerlo.

8. Pidámosle a San José, protector de la Iglesia, modelo y ejemplo de padre, que interceda por cada uno de nosotros, especialmente por los padres de familia, que se ven inmersos en la tempestad de la vida. Amén.  ¡Felicidades a todos los papás!

 

† Faustino Armendáriz Jiménez

Obispo de Querétaro

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No hace falta ir al psicólogo…

No hace falta ir al psicólogo para saber que cuando uno denigra al otro es porque él mismo no puede crecer y necesita humillar al otro para sentirse alguien. Si en el corazón hay “algo negativo” hacia tu hermano, “hay algo que no funciona y… debes convertirte, debes cambiar”. Papa Francisco esta mañana en Santa Marta. Que el Señor nos conceda la gracia de tener cuidado con los comentarios que hacemos sobre los demás: es lo que ha afirmado el Papa Francisco.

“Que vuestra justicia sea superior a la de los fariseos”. El Papa Francisco ha realizado su homilía partiendo de la exhortación realizada por Jesús a sus discípulos. Palabras que vienen después de las Bienaventuranzas y después de que Jesús haya destacado que Él no venía a abolir la ley, sino que la lleva a cumplimiento. La suya, observó, “es una reforma sin rotura, una reforma en la continuidad: de la semilla llegamos al fruto”.

Lo que “entra en la vida cristiana”, advirtió, “tiene exigencias superiores a la de los demás”, “no hay ventajas superiores”. Y Jesús menciona algunas de estas exigencias y habla en particular del “tema de la relación negativa con los hermanos”. El que maldice, afirma Jesús, “se merece el infierno”. Si en el corazón hay “algo negativo” hacia el hermano, comentó el Papa, “hay algo que no funciona y debes convertirte, debes cambiar”. Añadió que “el enfado es un insulto contra el hermano, es algo que se da en la línea de la muerte”, “lo mata”. Observó que, especialmente en la tradición latina, hay “una creatividad maravillosa” en el inventar motes. Pero, advirtió, “cuando el mote es amigable va bien, el problema es cuando es de otro tipo”, cuando se da el “mecanismo del insulto”, es “una forma de denigrar al otro”.

“Y no hace falta ir al psicólogo –dijo el Papa- para saber que cuando uno denigra al otro es porque él mismo no puede crecer y necesita humillar al otro para sentirse alguien”. Este es un “mecanismo feo”. Jesús, evidenció, “con toda sencillez dice”: “no habléis mal uno del otro. No os denigréis. No os descalifiquéis”. Y luego prosiguió “porque en el fondo todos caminamos por el mismo camino”, “todos vamos por el mismo camino que nos lleva al final”. Por tanto, reflexionó, “si la cosa no va por el camino de la fraternidad, todos terminaremos mal: el que insulta y el insultado”.

El Papa observó después que “si uno no es capaz de dominar la lengua se pierde” y además “la agresividad real, la que Caín tuvo con Abel, se repite en el arco de la historia”. No es que seamos malos, afirmó el Papa, “somos débiles y pecadores”. Precisamente por esto es “más sencillo”, “terminar una situación con un insulto, con una calumnia, con una difamación que arreglarla con algo bueno”.

“Yo quisiera pedir al Señor que nos dé a todos la gracia de tener cuidado con la lengua con respecto a lo que decimos de los demás”. Es “una pequeña penitencia –añadió- pero da buenos frutos”. A veces –constató- uno se queda con hambre” y piensa: “Qué pena que no he gustado el fruto de un comentario delicioso contra el otro”. Pero, dijo, a la larga “este hambre fructifica y nos hace bien”. He aquí porque debemos pedirle al Señor esta gracia: adecuar nuestra vida “a esta nueva Ley, que es la ley de la mansedumbre, la ley del amor, la ley de la paz”, “evitar” los comentarios que hacemos hacia los demás, o las explosiones que nos llevan al insulto o a los enfados fáciles. ¡Qué el Señor nos conceda a todos esta gracia!”.